Haría indulta a Don Facundo, que no será quemado en la hoguera de San Juan

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El alcalde de Haría, Alfredo Villalba, ha firmado el indulto a Don Facundo, que este año, y por primera vez en su historia, no arderá en la tradicional hoguera de la noche mágica de San Juan, como símbolo de la quema de los malos augurios, junto a la Danza del Fuego protagonizada por los Diablos de Haría.

Debido a las circunstancias actuales y ante las medidas de seguridad decretadas por la pandemia de la COVID-19, el Ayuntamiento norteño ha suspendido la hoguera municipal, reduciendo además considerablemente el programa de fiestas en honor a San Juan Bautista, que se realiza además de forma online.

A pesar de ello, los vecinos de Haría han continuado con la tradición de cuidar y pasear a Don Facundo durante toda esta semana por distintos puntos emblemáticos del pueblo, manteniendo vivo, en la medida de lo posible, el espíritu sanjuanero del norte de la Isla.

“El indulto del popular muñeco es una medida excepcional, por lo que desde el Consistorio esperamos retomar el próximo año una tradición tan antigua en nuestro municipio, que supone todo un atractivo para residentes y visitantes”, ha señalado el primer edil.

Historia de la quema de Facundo

A finales de los años de 1960 nace el germen de la imagen de Don Facundo en Haría por iniciativa vecinal y representando todo lo malo que terminará extinguiéndose en la hoguera la víspera de San Juan, patrón del municipio.

Antes solían quemarse los trastos viejos y restos de maderas y de leña en algunos lugares del pueblo de Haría, en el atardecer o noche de San Juan, el día 23 de junio de cada año, estando uno de ellos ubicado en el Barranco de Haría, frente al Mercado Municipal de Abastos, y se hacía con la intención de ahuyentar los malos espíritus.

Ya con la intervención del Ayuntamiento, desde principios de los años de 1970 se le puso el nombre de Facundo, porque sencillamente cayó en gracia a los miembros de la Comisión de Fiestas de entonces.

A comienzo de los años de 1990, un grupo de jóvenes del pueblo introdujo una especie de Diabletes, que trepaban ante luces y centelleos, por paredes altas y peligrosas, sorprendiendo a residentes y foráneos. Esta práctica se fue afianzando y progresando y se le puso el definitivo nombre de La Danza del Fuego.

 

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