‘El sueño de Pepa’, ganador de la categoría Juvenil del concurso de relatos ‘Voy a escribir de ti, Haría’

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El Ayuntamiento de Haría ha entregado a Hiba Rodríguez González el premio de ganadora de la categoría Juvenil del concurso de relatos ‘Voy a escribir de ti, Haría’, por el texto presentado al concurso, titulado ‘El sueño de Pepa’.

La alcaldesa de Haría, Chaxiraxi Niz, trasladó sus felicitaciones a la ganadora por su relato y “por ser parte de una iniciativa enriquecedora, que fomenta la lectura y escritura entre los más jóvenes del municipio y que ensalza los valores y la cultura norteña”.

El sueño de Pepa

-¡Buenas tardes Catalina!

-¿Cómo andas?, Siempre tan alta y tan esbelta. ¡Qué guapa eres!

-Gracias por el cumplido Pepa, pero donde tú me ves, tengo mis achaques, soy muy mayor; gracias a la vacuna que me pusieron hace muchos años, estoy remendada.

-¿Vacuna?

-Sí, hace años llego un bicho volador y nos picó a todas, se llamaba el Picudo Rojo, mi tronco y la base de mis ramas fueron atacadas, se llenaron de agujeros, estábamos todas enfermas. A ti no te tocó, porque eras muy joven. Aún puedes ver señales de esa vacuna en algunas de mis hojas, que están pintadas de rojo. Casi desaparecemos, pero desde entonces ya no soy la misma, a veces tengo dolores, pero digamos que estoy bien. Tengo que decirte que no puedo quejarme, vivo en un lugar privilegiado de este valle hermoso, aquí, muy cerca de La Plaza, sin contaminación y respirando aire puro, somos afortunadas. Desde mi altura, me entero y veo todo lo que pasa aquí. He vivido épocas muy bonitas, aún cuando La Plaza no era como es ahora, había dos calles por donde circulaban coches, y el paseo en medio, había una preciosa Iglesia, que un día un viento huracanado destruyó y sólo quedó en pie la torre. Con el tañer de las campanas, esta Plaza adquiría vida, los vecinos se reunían para ir a La Iglesia o a La Sociedad o simplemente para pasear por ella, los niños jugaban a la soga, al escondite, al quemado, al teje y en La Sociedad jugaban al futbolín. Pasaban muchos niños que hablaban sin parar cuando iban a la escuela; a la vuelta, a veces se acercaban a nosotras y nos tiraban piedras para que cayeran los dátiles. Alguna vez, venía gente que hablaba otro idioma y trataban de coger los lagartos verdes de nuestro pueblo para estudiarlos, eso era muy divertido, verlos correr detrás de los lagartos. En mayo, los niños llevaban flores a la Iglesia y decían versos, hasta aquí donde estamos nos llegaba el olor del gofio de la molina, recién hecho. Era todo muy diferente Pepa.

 

Y de las fiestas de nuestro patrón San Juan ni qué contarte, venían forasteros de toda la isla a disfrutar de los bailes, a mí me encantaba la música de esa época, música romántica, habían tómbolas, un carro que vendía helados y de vez en cuando venía un circo, ¡que actuaba en la Plaza!. Este lugar era un ir y venir de gente y algarabía, todos se ponían muy guapos estrenando ropa para las fiestas, se pintaban las casas por dentro y también las fachadas. ¡Todo ha cambiado Pepa! Ahora por San Juan hacen unas hogueras tan cerca de mí, que estoy todo el tiempo, metida en un susto, porque pienso que me voy a quemar, aunque por suerte no ha sido así.

 

Me encanta que llegue el amanecer y el atardecer, oyendo el trino de los pájaros que habitan en los viejos laureles y eucaliptus de La Plaza. Aunque, ¿qué quieres que te diga?, cada vez, veo menos pájaros.

 

-Qué bonito Catalina, eso que me cuentas.

 

La Plaza que yo conozco, no se parece en nada a la que describes, sigue siendo preciosa, pero yo veo una plaza solitaria, sólo los sábados hay gente que viene a comprar verduras y artesanías al mercadillo, y disfrutan de la belleza que esta plaza encierra.

 

Bueno Catalina, me retiro, estoy cansada y quiero disfrutar la puesta de sol en este valle que es maravillosa.

 

Al día siguiente…

 

-Chacha, ¿cómo te encuentras hoy? Si supieras que yo anoche, no pegué ojo, estuve toda la noche soñando, seguro que fue por lo que hablamos y lo que me contaste.

 

Soñé un pueblo y una Plaza que desconocía, una Plaza llena de vida y a la vez un remanso de paz. Me sentí inmensamente feliz, y me pregunto si era un sueño o era realidad.

 

Como soy joven y soñadora, espero encontrar en un futuro próximo, el valle que tú describiste Catalina y con el que yo sueño.

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