El Mirador de Guatifay

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gregorio

Por Gregorio Barreto Viñoly

 

 

Antes se medía o se calculaba “a ojo de buen cubero”

Antiguamente, existían pocos profesionales para medir, calcular o valorar el alcance o apreciación de las diversas cosas que se nos ofrecían o presentaban a la vista, a nivel cotidiano, o a otros niveles, y por eso existieron desde la antigüedad los ama- ñados, los peritos, los prácticos, los experimentados, y así surgieron personas muy creíbles, que se les hacía mucho caso a sus valoraciones o apreciaciones, y por eso se les consideró como personas autorizadas, siendo considerados como “buenos cuberos”.

 

Estas personas llegaban a tener incluso una consideración a nivel oficial, y así algunos de ellos ostentaban cargo en los ayuntamientos, como recaudadores, o como ayudantes o adscritos a los servicios recaudatorios.

 

Estas personas ejercitaban su saber o práctica para calcular el aforo de los vinos que una determinada casa agrícola llegaba a tener, y luego a ese montante se le aplicaba un arbitrio de unos céntimos por litro, pero a nivel de estas mediciones se llegó a crear una importante picaresca, ya que los dueños de las bodegas tendían a tapar con paja algunos envases en una zona trasera o de poca visibilidad para que no fueran vistos por el aforador, aunque en algunos casos se llegaba a repetir el aforo y solía dar más litros, y con ello se llegaba a veces a sancionar a los Bodegueros.

 

Pero también, a nivel de recaudación, se valoraba el peso de los cochinos que se iban a matar y se aplicaba el arbitrio de unos céntimos por kilo.

 

Igual también se aforaban los pescados que traían las mujeres de La Graciosa, subiendo el Risco con una cesta a la cabeza, y vendían el pescado en Yé, Haría y Máguez, con aplicación de unos céntimos por kilo, como las carnes.

 

Las personas que estaban al servicio de la recaudación para estas valoraciones, así como para otros menesteres públicos o privados, llegaban a considerarse prácticos, peritos, tasadores, cuberos o amañados, y eran bien considerados en sus valoraciones a ojo, como se ha dicho antes.

 

Como en estas valoraciones no existían procedimientos matemáticos, sino que era solo una estimativa, se utilizaban en ellos términos de nuestro lenguaje, como los de “más o menos”, “milímetro más, milímetro menos”, o “pisco más, pisco menos”.

 

En estas valoraciones había aforadores o prácticos que en el peso de un cochino se llegaban a acercar hasta una diferencia de solo unos dos kilos, y en cuando al aforo de vinos, donde había barricas de diversos tamaños desde 100 hasta 1.000 litros ya se alejaban hasta a unos dos a seis litros por envase en poco más o menos.

Pero algunas de estas personas solían ser llamadas incluso a nivel del Juzgado, como peritos, prácticas o conocedoras de determinados temas, y empleaban el tanteo.

 

Había personas con mucha práctica en agrimensura y topografía, que a veces eran llamadas para que estimaran a ojo la superficie de un determinado terreno o solar a la vista, y se solían acercar muchísimo en sus valoraciones a la realidad de la medición, con una diferencia a la real, de muy peque- ña, de solo muy pocos metros.

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