Balcón de Haría

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gregorio

Por Gregorio Barreto Viñoly

 

 

Del trabajo de las tierras y sus cultivos en épocas antiguas

 

Nuestros antepasados se esforzaron de una forma muchas veces superior a sus fuerzas, pero salieron adelante como pudieron y nos dejaron esas tierras preciosas con el sudor de sus frentes y la ilusión por escapar sea como sea, porque si no vendría a dominarnos el hambre, y por otra parte la obligación de emigrar a tierras americanas, como se decía entonces ‘hacer las Américas’, y eso era algo que la mayoría de los varones tenía que afrontar, y para eso el billete costaba lo suyo, sin recursos familiares, y solían endeudarse por ello, o también sus padres o familiares o algún allegado cercano.

No cabe duda de que fue un extraordinario esfuerzo el que hicieron nuestros mayores y todavía se pueden ver hasta en las partes más altas de las montañas al menos algunos paredones o restos de los paredones o paredes que tuvieron que hacer como muros de contención para que las superficies a cultivar no fueran muy enladeradas, y se notarán en muchos casos las tremendas piedras que tuvieron que manejar para conseguir unas paredes o paredones decentes, y a veces había que recurrir a hombres muy fuertes y acostumbrados o amañados, para poder dar vuelta a tan grandes bolazos, teniques o brimbes, que se resistían a su manejo. Pero los trabajos a veces se presentaban peor, porque muchas de las fincas a trabajar eran de volcán y en especial después de que el Ayuntamiento vendiera por lotes una importante extensión del denominado Término de Malpaís, después de 1912, o también otros terrenos en que se notaba la presencia de volcanes antiguos, que se sucedieron en nuestro entorno, y así había partes que tenían más fondo y otras con menos y afloraban las piedras, y a esos trozos de terreno se les llamaban ‘arrifes’, donde crecían mucho los cultivos pero que necesitaban más lluvia.

 

Recuerdo haber hablado en los años de 1950 con personas que estaban trabajando fincas y me decían que les era más duro el camino para llegar a las fincas desde sus casas que el propio trabajo que tenían que hacer en la roturación del terreno.

 

Pero la cosa no queda ahí, porque todos estos terrenos había que cultivarlos luego, y todo a mano, con azada, plantón y escardillo, aunque a veces se utilizaba el camello para arar en las vegas, y también se utilizaba el burro para rastrillar, y ya a partir de ahí, la labor del agricultor de los años de 1940 se empezó a mejorar con la utilización de la tanganilla, que facilitaba muchísimo la labor del agricultor, que fue inventada por un señor de Mala, llamado Juan Perdomo Méndez.

 

Puede hacerse una idea de los trabajitos a que se sometían los agricultores antiguamente, y es que antes también trabajaban las mujeres como peonas en las fincas, o formando parte de la unidad familiar, que venía a ser al fin un sacrificio añadido al del atendimiento del hogar.

 

Hay que ver que había que llegar hasta lo más alto de las montañas, incluso en fincas lejanas y caminando, aparte de todos los terrenos llanos, de vegas y enladerados o medio enladerados, que había que atender de una forma ordinaria y diaria, y se llevaba siempre la mochila porque había que buscar leña para hacer fuego en el campo y comer, al menos el almuerzo, a base de gofio amasado en un zurrón, pejines, jareas, viejas o cualquier pescado que se encontrara y también se recurría a los restos del cochino en sus distintas formas de aprovechamiento, o también se utilizaba fruta fresca cuando la hubiera, o pasada, y queso, el que lo tuviera, porque para comprarlo no había dinero.

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