El Mirador de Guatifay

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gregorio

Por Gregorio Barreto Viñoly

 

 

Recordando aquellos bonitos bailes de la Antigüedad

 

Es bueno recordar las formas de vida que llevaron nuestros mayores porque al fin hacemos historia y cultura al mismo tiempo, y por otra parte es bueno mantener entre las nuevas generaciones los modos de desenvolvimiento que existieron antaño.

 

Vamos a referirnos en esta ocasión a una de las maneras en que se desenvolvían nuestros ancestros, como fue el baile, que fue y sigue siendo una expresión o modo que no caduca y que mantiene el vivo recuerdo de contacto cercano entre las parejas, en especial entre las gentes jóvenes, como algo natural que no puede pasar de moda.

 

Las formas de expresión de estos divertimentos han estado supeditadas al paso de los tiempos, y digamos que los instrumentos de animación que se han usado han sido diversos, pero situémonos en los instrumentos de cuerda, que son posteriores a los tiempos de los guanches, y fueron importados de nuestra Península Ibérica y de Portugal, especialmente, habiendo sido los más peculiares la guitarra, el timple, la laúd, el requinto y algunos otros, viniendo más tarde el violín, el contrabajo y demás, imperando la denominación de ser bailes de timple y guitarra, más tarde de candil.

 

Hay que situarse en la antigüedad y pensemos que entonces no había Sociedades ni Centros de Cultura o Recreo en los pueblos, pero digamos que se celebraron bailes en todos y cada uno de los pagos, aunque con distinta afluencia, pero no había pueblo en que no se celebraran motivos de divertimento, como eran los bailes.

 

Para celebrar estos bailes, el organizador destinaba la habitación más grande la casa y había personas que mantenían los bailes en sus casas, generando al tiempo una pequeña cantina para que los varones pudieran perder mejor la vergüenza ante las chicas, aunque también se celebraron en almacenes y hasta en eras en los veranos.

 

Los bailes principales se celebraban en los pueblos mayores, como eran los de Haría y de Máguez, coincidiendo con cada domingo por la tarde o por la noche, y los bailes de los pueblos más pequeños se empezaron a hacer también los domingos, pero por la hegemonía de los pueblos mayores, los chicos pasaron a celebrarse los sábados.

 

Para que se respetaran los turnos de derecho a entrada a bailar de los varones había un portero, que tenía una vara para el respeto y así se le decía El Cabo de Vara.

 

Digamos que los bailes antiguos que más se recuerdan ahora son los que se celebraban en Máguez, en la Sociedad, que fueron muy famosos, pero también en Haría, como los de Ladislao Rodríguez Bonilla, luego sus hijos Aquilino y Antonio, y también el Bar Tres Hermanos, cuya cabeza más visible era Joaquín Rodríguez Villalba, en la Plaza de Haría, y la gente venía de todos los sitios de Lanzarote, con unas músicas en que ya imperaban los instrumentos de aire y el Jazz. Fueron tiempos muy gloriosos.

 

Digamos que en Mala hubo lugares, en casas, para baile, pero ya en el año de 1924 se hizo la Sociedad Renacimiento de Mala, y en el pueblo de Haría hubo sitios destacados como Sobre Las Eras y la Isleta, y en Máguez, destacaron la casa de Faustino Betancor Feo y la de Antonia Rodríguez Rodríguez, conocida por El Triunfo, y también buenos bailes en Ye y en Órzala, y además en Arrieta y Tabayesco.

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