El Mirador de Guatifay. Por Gregorio Barreto Viñoly

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gregorioDe las cacerías y de los cazadores de antes

 

La cacería de pardelas fue la más importante, a juzgar por el volumen de pardelas que se cogían antes, y ello concretamente en las islas menores del norte de Lanzarote, destacando el islote de Alegranza, seguido del islote de Montaña Clara, y se sabe que el volumen de la cacería en Alegranza llegó a alcanzar hasta un número tan elevado como el de 12.000 unidades, y para ello había un equipo de cazadores como fijo, procedente del pueblo de Órzola, cuyo dueño era entonces y por muchísimos años Don Manuel Jordán.

 

También se cogían algunas pardelas en la isla de La Graciosa, pero con poca transcendencia, siendo muchos los que se iban a cazar a los indicados islotes. Hace ya muchos años que la pardela no se puede cazar porque se trata de una especie protegida.

 

También la isla de Montaña Clara generaba muchas pardelas y esta isla tuvo varios dueños privados, destacando de último Don Mariano López Socas, siendo interesado de ella, que también tuvo parte como dueño Don Julián Betancor Villalba, llegando hasta a vivir en la isla en etapas cortas, siendo otro cazador de esta isla, como dueño de propiedad, Don Gregorio Barreto Betancor, que se valía para desplazarse de barcos de la Graciosa.

 

Pero en la isla de Lanzarote la cacería de conejos fue muy importante, y para ello había muchos cazadores en toda la isla, algunos con una gran afición, que llegaba hasta a varones menores de edad y a veces se unían en grupos en los pueblos.

 

En esta cacería se ponía a prueba a personas que estaban capacitadas para caminar mucho, y de hecho había muchos jóvenes que tenían esa capacidad, y recuerdo de hace ya muchísimos años en que se iba a cazar a La Montaña, a los Valles de la Triguera, Rincón de la Paja, Las Piletas, Valle Palomo y llegaban hasta Mala y Guatiza y otros muchos lugares, y también en la zona del Malpaís de la Corona, donde algunas veces piezas de caza se atoraba el hurón y pasaban muchos apuros para librarlos de los monturros de piedra en que sea hallaban.

 

También se cazaban perdices, pero en un escaso volumen, lo que entretenía a mucha gente, pero se contentaban mucho los cazadores cuando cogían alguna pieza.

 

Para atender a estas cacerías los cazadores contaban con unos buenos perros de caza y unos buenos hurones, pero también unas buenas escopetas de caza, y para utilizarlas había que obtener el permiso de armas y además el permiso de caza.

 

Los cazadores han temido desde siempre las correrías de la Guardia Civil, pues le temían mucho porque hasta ponían buenas multas y les manchaban la cartilla, y por eso, a nivel de conejos, recuerdo que iban en especial por las noches, para ser menos observados por la Guardia civil, y había unos cazadores famosos, y hasta sus perros llegaban a coger renombre entre el colectivo, especialmente en la zona del entorno.

 

Dos fallecidos recientes: El día 2 de marzo de 2018 falleció en Arrecife el nativo Antonio Hernández Viñoly, conocido por Antonio el de Don Lilo, con 87 años de edad, viudo de Doña Erevista Curbelo Rivera, que vivió en Arrecife, dejando dos hijas.

 

Claudio Betancor Montero falleció el día 4 de marzo de 2018, a la edad de 82 años, viudo de Doña María Dolores Betancor Hernández, dejando dos hijos varones, Claudio y Juan Carlos Betancor Betancor.

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