El Mirador de Guatifay

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gregorio

Por Gregorio Barreto Viñoly
 

 

De la fruta de antes y su uso como alimento muy importante

Desde la antigüedad y hasta los años de 1960-1970, al menos, por los veranos la fruta cogida de nuestros árboles era uno de los alimentos esenciales que se comían entonces, en fresco, mojando en gofio en polvo, o bien después de seca, acompañada igualmente de puños de gofio, que era el verdadero alimento más básico de la época.

Hay que valorar que nuestros campos estuvieron muy poblados de árboles en los tiempos antiguos, siendo el principal la higuera, en sus muy diversas variedades, las cuales son consideradas como originarias de Portugal, desde los tiempos que dominaron la isla en el siglo XV, siendo la verdad una riqueza en la casa, al tener estos árboles tan peculiares en variedades como la colorada, la vigariña o vigazota, la gomera, la negra, la brevera, la blanca fina, y otras varias,pero lo grande es que la fruta de estas higueras no contenía bichos y se aprovechaban frescos y pasados sanos.

 

Pero además había fruta de otros árboles o arbustos que hacían enriquecer nuestra mesa de una forma tan sencilla como sabrosa, y así teníamos como algo muy importante los higos de penca, o tunos, que se comían en fresco, pero también secos, de donde salían los famosos y denominados higos porretas, que eran muy sabrosos, y también los durazneros y almendreros. Además había peras, peritos, guayabos,membrillos y algunos más, pero con una consideración secundaria en relación con los higos de higuera, llamados también de leche y de penca. También proliferaba la mora en el mes de junio, que servía hasta de fiesta a los jóvenes.

 

Hay que darse cuenta que los agricultores, en especial los caciques, controlaban a los peones en la época de coger los higos de las higueras, de forma que los ponían a cantar, porque cantando no se puede comer, lo que no gustaba a la peonada.
Los higos de higuera eran los más apreciados, y en aquellos tiempos se contaba con que alguna persona, en especial jóvenes, frecuentaban las higueras, y a veces los propios dueños acechaban por dentro de la higuera con un palo, para luego pegarles.

 

Los higos de las higueras se comían algunos en fresco, pero la mayoría se ponían a pasar en paseros de ripios y también de arena, más bien que fuera arena gruesa, y luego se recogían y metían en seretos que se hacían de empleita y se estrujaban y apretaban para que no criaran bichos. El trabajo que daban los higos de penca era, para muchos, algo desagradable, porque había que coger los higos de las pencas mediante unas pinzas, luego se llevaban en cacharros o cestas a los serones para cargar en burro, y eso ante una nube de picos volando, que era muy molesto, porque eso era en verano a veces con un gran calor, y luego venía el pelado de estos higos y su pase a los paresos y luego a los seretos.

 

Los higos de penca y también los de higuera, en su época de los paseros, eran muy vigilados por sus dueños o responsables, porque si llovía o venía alguna garuja había que darles vuelta para que se mantuvieran lo más bonitos posible, ya que si no había que echárselos a los cochinos, que también eran una gran riqueza en las casas, pero también había que resguardarlos de los perros y otros animales.

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