Balcón de Haría

Publicado el: 07/04/2017
Por Gregoriogregorio Barreto Viñoly

 

De las peripecias y sacrificios de antes en el laboreo del cultivo de fincas

 

 

Las labores llevadas a cabo en el cultivo de las fincas siempre han sido muy duras y, si ahora lo son, cuando es poca la gente que ya se dedica a ello, digamos que antiguamente lo eran bastante más por las incomodidades y sacrificios que ello llevaba consigo. Vamos a hacer unas referencias para meternos de lleno en el tema que nos ocupa, así por encima: Digamos, en primer lugar, que a principios de los años de 1900 y hasta 1920, aproximadamente, el peón sólo cobraba normalmente por su aperriado trabajo un salario diario de una peseta, llegando hasta un tostón, que era una peseta y un real, o 1,25 pesetas.

 

A partir de 1920 ya se solía pagar hasta dos pesetas y hasta medio duro (2,50 pesetas). Fue en los años de 1940 cuando subieron un poco los jornales y se llegó a pagar hasta a 10 pesetas el día. Eso siempre en unas jornadas de trabajo de sol a sol y sólo con unos descansos, a los que se llamaban fumadas, de un cuarto a media hora, normalmente se hacían dos por la mañana y dos por la tarde.

 

Las fincas solían estar bastante distantes y había que llegar a ellas antes de salir el sol, porque si no se perdía el día, ya que no admitían al peón y tenía que volverse a su casa sin ganar el jornal. La rigidez era una norma que se respetaba como una ley y entonces no había derecho al seguro, que vino mucho más tarde.

 

Antes no habían medios de locomoción y a la finca había que llegar caminando o en burro, que era lo más normal. Los peones sabían tan bien la lección que yendo para la finca, si sabían que no iban a llegar a tiempo de ver salir el sol, por su cuenta viraban para atrás de una forma consciente. La caminada era un trabajo a veces tan duro como el propio trabajo y así lo expresaban algunos entonces.

 

Hay que valorar además que al trabajo no sólo iban peones, también iban las mujeres que trabajaban de peonas. A ellas les pasaba lo mismo con la rigidez en los horarios y en las condiciones de trabajo, alguna hasta acudía embarazada. Las mujeres solían hacer unos trabajos específicos y se les buscaba mucho para plantar las sementeras con el plantón, tanto granos como papas. También se las avisaba mucho para la recolección o arrancado de las sementeras y para las eras en los días previstos para trillar y escardar.

 

Las mujeres solían pasar frecuentemente en los días en que el dueño avisaba gente para ir a arrancar la sementera. Si la sementara no estaba ‘amorosa’ porque la paja se estropeaba mucho o desmigajaba, pasaban días en los que yendo toda la gente a una determinada finca para arrancar la sementera el dueño decidía si se seguía trabajando o no, porque si refrescaba un poco podía ‘amorosar’.

 

El dueño mandaba a los peones y peonas para sus casas y ese día los peones y peonas perdían el día y no cobraban nada. Es lamentable pero cierto. Igual pasaba cuando los peones iban a una finca para arrancar, si notaban por el camino que la sementera estaba ‘bronca’ viraban para atrás y se iban para su casa, perdiendo el día.

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