Por Coraima Niz Betancor, médica especialista en Atención Primaria y Comunitaria
En el pueblo canario, donde el “leche y leche”, los bocadillos y la bollería forman parte del día a día, el consumo de azúcar suele pasar desapercibido. Como médica de familia, veo a menudo cómo este exceso silencioso influye en diagnósticos de diabetes tipo 2 o hígado graso.
El problema no es solo el azúcar o la leche condensada que añadimos al café. Muchos alimentos que parecen “saludables” contienen azúcares ocultos: yogures de sabores, galletas “integrales”, barritas energéticas o incluso pan de molde. También el ketchup y algunos aliños, como la salsa de soja, aporta más azúcar de lo que imaginamos. Además, acompañar las comidas con refrescos o zumos incrementa notablemente la ingesta diaria sin que seamos conscientes.
Para diagnosticar un problema relacionado con el azúcar no basta con “sentirse bien”. Las analíticas periódicas con glucosa en ayunas, hemoglobina glicosilada y perfil hepático permiten detectar alteraciones antes de que aparezcan síntomas. La prevención empieza en la compra: leer etiquetas, identificar términos como jarabe de glucosa o sacarosa y priorizar alimentos frescos.
Reducir el consumo no significa renunciar a nuestras tradiciones, sino recuperar una alimentación más basada en productos locales: fruta entera, verduras, legumbres y pescado. Si presentas sed excesiva, pérdida de peso inexplicada o aumento de la frecuencia urinaria, consulta con tu médica. La información y la prevención son nuestras mejores herramientas.