Balcón de Haría Gregorio Barreto Viñoly

Gregorio BarretoReferencias de la educación en los tiempos antiguos y efectos consiguientes

 

Para remontarse a la noche de los tiempos en la educación hay que situarse al menos en principios de los años de 1900, en que solo había una escuela oficial en el municipio de Haría, ubicada en el pueblo de Haría, capitalidad del municipio, y era en realidad una escuela mixta que fue regentada por Don Sergio Calvo Martín, que tuvo su sede en lo que hoy es Centro Sociocultural La Tegala, en la Plaza de Haría, aunque antes, en los años de 1870 ya hubo una pareja de maestros en ejercicio en Haría, procedente de Tenerife, que fueron los cónyuges Don Santiago Noda García y Doña Felicia Armas Cabrera.

 

Digamos que en aquella época todos los alumnos y todas las alumnas de todos los pueblos del municipio tenían que arreglárselas para ir a la Escuela de Haría, aunque había maestros habilitados y privados en algunos pueblos.

 

Pero, no obstante, ya en aquella época había una gran preocupación para que se fueran creando nuevas escuelas en los pueblos y fue concretamente el pueblo más distante, el de Mala, que se las arregló para que hubiera un maestro, y fue en el año de 1883 cuando Doña Luscinda Silva Clavijo, vecina del pueblo, se hizo cargo de dar clases en dicho pueblo de Mala, cuya maestra era interina, nominada y reconocida como maestra incompleta, y luego apareció desde Cuba el también natural de Mala Don Juan José Berriel Placeres.

 

Luego se creó en el pueblo de Máguez, por el año de 1917, la primera escuela, siendo la primera maestra una vecina del pueblo como fue Doña Rafaela Mesa Cedrés, que la rigió durante muchos años, atendiendo a unas tres generaciones.

 

Como prueba de la mala educación que había aún en el municipio de Haría puede decirse que había hasta concejales que eran analfabetos, y hubo jueces de Paz que solo estuvieron unos meses. La gente que más se respetaba entonces en el pueblo eran los caciques, empleaban y pagaban, los alcaldes, los curas, los maestros y los militares.

 

Antes, los más jóvenes se fijaban en los mayores para aprender algo y había algunas personas que sabían leer, pero no sabían escribir, y otras que sabían escribir, pero no leer, y la mayoría no sabía leer ni escribir.

 

Igualmente, la mayoría de la población era analfabeta, pues eran pocos los que tenían la suerte de ir a una escuela, pero así y todo, había interés por aprender en la gente joven y algunos aprovechaban el tener una persona que supiera a su lado para  aprender algo con ella, o algunos que hacían de pastor, se llevaban un lápiz y una libreta para ver si encontraban a alguien a quien preguntarle, lo que se hacía muy difícil, donde todos eran analfabetos, pero así y todo algunos llegaban a aprender un oficio, porque las carreras eran solo para los más pudientes.

 

Antes se daba mucha importancia al hecho de que una persona supiere las denominadas cuatro reglas, que eran sumar, restar, multiplicar y dividir, ya que con esos conocimientos podía desempeñar una profesión con más conocimiento.

 

Además se tenía mucho interés en las familias para que sus hijos pudieran ser capaces de obtener un oficio, ya que era algo que se aspiraba mucho para sus jóvenes, y así muchos se contentaban con acceder a la profesión de carpintero, de pedrero, de mampostero, de albañil, de modista o costurera para las mujeres, porque si no ya esperaba el oficio de agricultor tanto para varones como mujeres, y ese era el oficio que todos detestaban o repudiaban, y era considerada la profesión más baja o falta de consideración por la sociedad empobrecida, pero era lo único que quedaba, aunque se podía coger algunas de las ramas de la curandería, pero eso no era suficiente para mantener una casa y tenía que ser acompañado de un oficio que diera más rendimiento para la familia, y mucho peor si había que conformarse con ser obrero o peón.

 

Antes los maestros castigaban a los alumnos hasta poniéndolos de rodillas encima de arena, o le ponían pesos en los brazos en cruz, y se decía mucho “la letra con la sangre entra”, y los padres también castigaban a los hijos por sus malas notas o conducta.